Para nadie es sorpresa que la industria de la música está atravesando por una etapa de cambio. “La industria”, que sobrevive por el trabajo de otros, bien podría desaparecer. Sé que este no es un espacio para hablar de las artes, pero lean: esto va más por la parte de marketing.
He estado en contacto directo con músicos la mayor parte de mi vida y creo entender que el dinero viene de dos fuentes: el producto vendido y, en mayor parte, las presentaciones en vivo. El modelo actual que plantea ‘la industria’ deja muy poca remuneración al artista por la venta de su material. Los grandes productos de “la industria” no ven problemas pues su propósito popular les asegura una cantidad sustancial de ganancias tan sólo por ventas; el problema recae en los artistas menores. Quizás llevados por promesas vacías, o quizás por la fuerza de una costumbre obsoleta, muchos artistas optan por firmar con una gran disquera cuando, en realidad, lo más conveniente sería cambiar el paradigma.
Cada vez somos más los egresados de escuelas de publicidad, comunicación y marketing, encontrándonos, por ende, compitiendo en un mercado con oferta limitada: el de las agencias. Mucho tiempo he dedicado en encontrar una solución que mezcle ambas cuestiones, y he llegado a un principio de conclusión: los artistas deberían manejarse no sólo como marcas, sino además manejarse ellos mismos.
Lo anterior inmediatamente refiere al comentario obvio: “así le hacen las bandas indie”. Sí y no. La propuesta va más allá. Lo que “la industria” esencialmente ofrece es producción, mercadeo y posicionamiento. Sin embargo, las bandas que no son lo suficientemente sustanciales para mantener a los grandes corporativos disqueros, son alejadas y puestas en los planos menores. La solución, entonces, sería que esas bandas menores comenzaran a manejarse como PyMEs, intentando vender su propio producto. Pequeñas empresas, por así ponerlo.
Si una banda contrata a gente encargada del marketing y RRPP, ventas (booking) y producción, cubre gran parte de lo que “la industria” les cobra por hacer. Mientras que el problema más inmediato son las ganancias y el financiamiento, una banda pequeña que consiga una presentación por semana tendría esto cubierto. Lo anterior no es extraordinario pensando en el alto consumo -al menos en nuestro país- por este tipo de entretenimiento.
El departamento de marketing y relaciones públicas podría encargarse de la imagen, el manejo de presencias en redes y otros canales y, más importante, se encargaría de encontrar esos mercados sin tener que cambiar el producto. También idearía estrategias y planes para cumplir objetivos planteados a corto, mediano y largo plazo.
El departamento de ventas se encargaría de conseguir las presentaciones, vendiéndose a precio competitivo pero también relevante para la supervivencia de la compañía. Mientras que MKT se encargaría de conseguir los medios relevantes para la exposición del producto, ventas se encargaría de sacar los mejores tratos. Desde luego, aquí entran los patrocinios.
El departamento de producción esencialmente se encarga de que el artista cuente con todas las armas necesarias para ofrecer un mejor producto. Desde grabaciones y tiraje hasta el montaje de escenarios; desde conseguir instrumentos hasta mantener el equipo operable.
Desde luego que este modelo lo siguen bandas gigantes, como Radiohead o Metallica, con grandes equipos de gente. Sin embargo, no veo por qué este modelo no podría funcionar en el caso de bandas pequeñas o medianas. Es cuestión de verlas simplemente como pequeñas empresas, cuyo producto a vender es su música y sus presentaciones en vivo. ¿Ideas al respecto?
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